Conversations — April 3, 2009 12:00 pm

Ilustraciones de un Autista

Santo Payaso.
Revelaciones I.

El cuerpo del Santo Payaso sumergido en la tormenta de su inconciente, tumbado en aquel sillón que se encuentra en la azotea de la vecindad. La curda que le ocasionaba el haber inhalado la mona mientras arreglaba las cajas de madera que había recogido la noche anterior en la calle de casa del “topo” Godines. Dando tumbos por las paredes y gritando a pleno pulmón con las viejas piezas en ambos brazos.

– No soy un animalllllllll!!!!!!!! Soy un hombreeeeee!!!!!!!

-Cajas inservibles, igual que todo. Aun así no perdió el tiempo y aferrado cual gato a la alfombra, se dispuso a tallarlas, lijarlas y barnizarlas, durante su proceso se daba el tiempo de elevarse con el Tonsol.

Al recuperar la conciencia despertó con un dolor de cabeza incontenible, alz{o la mano para buscar entre los cojines alguna chora perdidiza. Estiró la mano, encontró un clip, una moneda y el chicle, comió un pedazo de pizza añejo, pero la chora no estaba… ahí. Entre sus cabellos enmarañados que desgajaban con el paso de sus dedos la encontró. La tomo entre sus dedos, llevó el diminuto pero preciado analgésico y lo encendió en la marca del bigote que el cigarro a dejado a través de los años de fumador. Encendió la radio. –La Hk a las 7 de la tarde, la hora en que Silvia, la vecina, llegaba de su trabajo de mesera y sin tregua comenzaba a lavar los uniformes desgastados de sus hijos. Antes de la última jornada de trabajo nocturno. Santo Payaso entró al cuarto que ocupaba al fondo de la vieja finca de barrio. Se quitó sus botas de obrero negras, tenían algo de mierda de perro, se libró de sus calcetines húmedos, se deshizo de sus pantalones de mezcla rotos. Tomó el cuchillo con empuñadura de cabeza de águila, bien podría ser la de un pollo, su ojo de rubí, falso incrustado en el ave. A la ventana acercó la única silla que ocupaba la habitación. Agarro la sandia que don enrique “el güero mon” le había obsequiado en la mañana durante el desembarque de la mercancía en los almacenes del mercado.

-No queda más que disfrutar de los pequeños placeres de la vida-. Se decía a si mismo. Nada mejor que ver a Silvia Tallar su ropa, con ese movimiento sexual…atrás, adelante, atrás adelante. Con la mano derecha mientras con la izquierda detenía la prenda en contra del lavadero. Mostrando su tierno pero agotado semblante, dándose el tiempo para pensarse sola. Que pasaría si supiera que entre las ventanas la observa el mas Patan de los patanes, el mas payaso de los payasos, el mas mugroso de los mugrosos. In a gada da vida sonaba en la radio. 16 minutos de los pequeños placeres de la vida. Dándole una gran mordida al trozo triangular de sandia, desprendiendo su dulce aroma, escurriendo por su cara el jugoso contenido. 16 minutos de los pequeños placeres de la vida. Había comenzado el ritual, el Santo Payaso antes de salir a la calle a predicar la palabra que hace 15 años se le había revelado anaquel sueño hibrido tan fascinante destino..

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